domingo, 1 de abril de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (III)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar" 
(En la isla...)



 En la anterior entrada veíamos que los aún veinte supervivientes del Essex habían encontrado tierra firme al llegar a una pequeña isla, lo que de momento les había salvado de lo que parecía una muerte segura cuando después de un mes navegaban poco menos que a la deriva, y ya se encontraban en un lamentable estado de agotamiento tanto físico como mental. Desembarcaron en ella con cautela tomando todas las medidas de seguridad que creyeron convenientes, primero enviaron una avanzadilla permaneciendo el grueso en los botes e incluso hicieron varios disparos con sus armas para llamar la atención, ante la posibilidad de que estuviera habitada por nativos de naturaleza poco amigable y que además gustaran de la práctica del canibalismo, lo que como sabemos era su mayor preocupación. Pero la pequeña isla parecía deshabitada... 



   Lo que entonces desconocían es que habían errado en sus cálculos y que no se encontraban en la isla de Ducie, sino en la de Henderson, que se situaba aproximadamente en su misma latitud, aunque unas 220 millas más al oeste, ambas forman parte del mismo archipiélago de la Polinesia, las Pitcairn. Y lo que para su desgracia una vez más también desconocían porque por entonces incluso no venía registrada en el Navigator de Bowditch, es que la isla que da nombre al archipiélago, la Pitcairn, estaba apenas a 120 millas al suroeste de donde se encontraban, y que además en ella había ya por entonces asentada una comunidad que descendían nada menos que de la tripulación amotinada del también famoso buque HMS Bounty(1), lo que hubiera sido una solución mucho más adecuada para poder aprovisionarse en su precaria situación, porque como pronto descubrieron en apenas unos días, los recursos para subsistir en aquella isla eran mucho más escasos de lo que se podría en un principio pensar, empezando por el agua potable.



  Y es que cuando llevaban ya dos días en la isla, si bien no habían tenido mayor problema para hacerse con peces y aves como alimento, aún no habían encontrado una fuente adecuada de agua potable, teniendo que limitarse hasta ese momento a apenas lamer el agua que se escurría en la superficie de algunas rocas, lo que les hizo a Pollard y Chase después de discutir el problema, tomar la decisión de que al siguiente día concentrarían todos sus esfuerzos en encontrar agua, y de no hacerlo, abandonar entonces la isla con el nuevo amanecer. De hecho, en una cueva de la isla ya por entonces se encontraban los restos de ocho personas que al igual que ellos se estimó hubieran sobrevivido a un naufragio, y que en un estudio científico posterior muchos años después se pudo observar que habían fallecido por deshidratación. La isla de Henderson no es sino un atolón coralino de origen volcánico, pero tiene la peculiaridad de que buena parte de la mucha agua de lluvia que cae en su superficie a lo largo del año, no se pierde en el mar o se evapora, ya que después de filtrarse sobre la arena y el coral queda oculta a la vista acumulada en una capa subterránea a unos treinta centímetros sobre el nivel del mar, pero de no encontrar un manantial por donde brotara a la superficie, los náufragos del Essex que desconocían este fundamental detalle, no tenían posibilidad alguna de hacer uso de ella.



 Afortunadamente para ellos, al día siguiente, en un momento en que la línea de la marea se encontraba en su punto más decreciente debido a la baja mar, uno de los hombres observó que de una gran roca plana que en ese momento se hallaba al descubierto, brotaba un estupendo chorro de agua limpia y cristalina, apresurándose todos a beber ansiosamente hasta que por fin pudieron saciar su gran sed después de ya tantos días de escasez. El manantial de aquella roca sólo era apenas visible completamente al descubierto durante media hora durante la baja mar, quedando luego cubierto por casi dos metros de agua, pero eso bastaba para en ese tiempo poder llenar varios barriles y así garantizarles el no tener ya más escasez de tan preciado elemento, centrando desde entonces sus esfuerzos en conseguir alimentos, sobre todo de las aves que ajenas por completo hasta entonces al contacto humano para nada desconfiaban y las podían cazar sin dificultad.


  Pero llegado el 24 de diciembre, apenas transcurridos cinco días de su desembarco, observaron alarmados que las aves comenzaban a abandonar la isla ante la constante cacería a que eran sometidas por los hambrientos hombres. Como posteriormente contó Chase, todas aquellas partes accesibles y cercanas, ya las habían saqueado de todo lo que contenían, incluidos sus nidos, volviendo otra vez a encontrarse con que tenían de nuevo problemas para proveerse de alimento, en menos de una semana "habían arrasado los limitados recursos con que constaba la isla". Para el 26 de diciembre, después de siete días en la isla y treinta y cinco después del naufragio del Essex, decidieron que lo que más les convenía era abandonar la isla y seguir en dirección a otro punto que les hiciera más factible la supervivencia. Las costas de América del Sur, con Chile como punto más cercano, calculaban que estarían a unas 3000 millas, aproximadamente el doble de lo que ya llevaban recorrido, pero consultando  sus Navigator de Bowditch observaron que la isla de Pascua estaba a menos de un tercio de esa distancia, y aunque tampoco sabían nada acerca de la misma les pareció lo más conveniente, dada la dura experiencia vivida hasta ese momento durante el mes que habían navegado en las balleneras en mar abierto hasta la llegada a esa isla, que les hizo desistir de la idea de volver a intentar llegar directamente al continente.


   Comenzaron entonces a acondicionar en la medida de lo posible los botes con los escasos clavos que les quedaban para que pudieran resistir otra vez las acometidas del océano, y a aprovisionarse cuanto pudieron para la nueva partida. Y posteriormente reunidos, en una charla, cuando Pollard les comunicó que a primera hora del siguiente día zarparían llevando las balleneras los mismos hombres que antes de la llegada a la isla, tres de estos hombres que no eran de Nantucket, dando un paso al frente manifestaron su intención de no abandonar la isla y de no formar parte de la partida. Estos eran Thomas Chappel, arponero de la ballenera de Joy, y Seth Weeks y Willian Wright, dos adolescentes que iban el primero de ellos con Pollard y, el segundo con Chase, manifestando los tres auténtico terror de volver a encontrarse en los botes a merced del océano. Nadie puso objeción alguna a sus deseos, ya que eso significaba aligerar las embarcaciones y contar con su parte de las provisiones para el viaje, además de incluso reconocer el propio Chase que sólo para ellos tres sería probablemente más fácil encontrar sustento en la isla que el que ellos llegaran al continente en sus precarias embarcaciones. A su vez Pollard les prometió que de llegar al continente haría todo lo posible por procurar su rescate. Los tres, escogieron entonces un lugar lejano del anterior campamento, para comenzar a construir un refugio con ramas de árboles. Y en la mañana del 27 de diciembre, cuando la marea había subido lo suficiente para que las balleneras superaran los arrecifes que rodeaban la isla, el resto de los hombres finalmente partieron de aquella isla que tanto les había decepcionado.


 Como podemos ver del paso por la isla Henderson de los marinos del Essex se pueden extraer algunas conclusiones relacionadas con el modo en que afrontaron su estancia en la misma, quizá la más importante que ante el hambre y el estado de necesidad que ya padecían a su llegada no tuvieron reparo alguno en administrar convenientemente los recursos de la misma, y al no poner freno alguno a su voracidad "consideraron la isla agotada" en menos de una semana. Si bien la isla de Henderson no es un lugar abundante en cuanto a recursos (la ya mencionada isla Pitcairn es la única que a día de hoy está habitada en el archipiélago y que habitualmente lo ha estado), una vez solucionado el más apremiante problema del agua potable, otro modo más eficiente de gestionar los recursos disponibles era posible, recurriendo más a la pesca y no abusando del saqueo de las aves, como hicieron en su momento durante incluso años pobladores nativos de la Polinesia que tuvieron asentamientos en ella, hay evidencia arqueológica que muestra que entre los siglos XII y XV tuvo una pequeña población permanente de probablemente unas cuantas docenas de personas. Es curioso, pero pese a vivir de la mar, dado su oficio especializado en la caza del cachalote, estos hombres tenían más mentalidad de cazadores, que de pescadores. Y lo que pronto una vez más descubrirían los diecisiete que habían partido, es que los escasos días que habían pasado en la isla no habían sido suficientes para que sus cuerpos aún se recuperasen para aventurarse en un nuevo viaje, y el hambre mucho antes de lo previsto haría de nuevo su aparición, pero esta vez con consecuencias devastadoras.

Continuará...

Saludos.


A LA PRIMERA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (I), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar"

A LA SEGUNDA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (II), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (y un liderazgo mal entendido)


  1. HMS Bounty: El motín a bordo del navío HMS Bounty de la Marina Real Británica tuvo lugar el 28 de abril de 1789 en medio del océano Pacífico. Tripulantes insatisfechos, liderados por el ayudante de maestre Fletcher Christian, tomaron el control de la embarcación de manos de su capitán, el teniente William Bligh, a quien dejaron a la deriva a bordo de un bote con pocas provisiones junto con otros dieciocho marineros leales. Los amotinados se establecieron en Tahití o en las islas Pitcairn, mientras que Bligh conseguía realizar un viaje de más de 6500 km hasta encontrar tierra, comenzando entonces un proceso para que los amotinados comparecieran ante la justicia.
Bibliografía: 
En el corazón del mar - Nathaniel Philbrick (Seix Barral Colección: Biblioteca Formentor)
Wikipedia

martes, 20 de marzo de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (II)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar" 
(y un liderazgo mal entendido)

 En la primer parte dejábamos al Essex hundiéndose mientras toda la tripulación "se ponía a salvo" en los botes balleneros. Pero encontrándose aquellos hombres a dos mil millas náuticas de tierra y en una zona del océano donde habitualmente no había rutas comerciales, y menos en aquella época, creo que no es necesario explicar mucho que la cosa no pintaba bien. Y aunque decidieron con buen criterio racionar las escasas provisiones que pudieron salvar en el naufragio, consistentes en poco más de doscientos setenta kilos de una especie de galleta, algunas tortugas, y varios toneles de agua, debido ello no ta sólo a que la mayor parte de las provisiones estaban en la bodega inferior que anegada por las vías de agua era inaccesible, sino al limitado espacio con que contaban en los pequeños botes, con el racionamiento calcularon que tendrían para dos meses a razón de un cuarto de kilo de galleta, y litro y medio de agua, por hombre y día, lo que dado la enorme distancia a la que estaban, podía aún no ser suficiente garantía, aunque como veremos en breve aún quedaba otro importante y fundamental detalle a considerar...


   En cuanto a herramientas contaban con casi un kilo de clavos, dos pistolas, un mosquete y un barril de pólvora, además de los arpones, y con las vergas de los mástiles y las velas del barco naufragado, armaron velas para las balleneras. A cada una de ellas le añadieron dos palos cortos, dos velas tarquinas, y un foque, y a última hora comprendieron que necesitaban además modificar los botes dotándoles de más resistencia y altura para resistir durante tantos días los envites del océano, para lo que utilizaron de los restos del naufragio tablones de cedro elevando los costados, lo que como posteriormente se vio resultó todo un acierto para en los días venideros evitar una mayor entrada de agua. Así mismo decidieron colocar la comida en la popa envuelta en varias capas de lona para preservarla lo más lejos posible de las olas que rompían en la proa y así evitar que se estropeara con el agua salada.



  Y una vez acondicionados los botes, llegó el momento de trazar un plan y decidir hacia donde dirigirse. La última comprobación que habían efectuado les indicó que las corrientes les habían situado a diecinueve millas más hacia el norte y que durante la anterior noche habían sobrepasado el ecuador. Los dos oficiales reunidos conjuntamente en un bote, Pollard y Chase, ante sus dos ejemplares del Navigator de Bowditch(1), debatieron sobre sus opciones, muy limitadas por las pequeñas velas de sus igualmente pequeñas embarcaciones ¿Retroceder más de dos mil millas hacia las Galápagos y el sur de América y enfrentarse a los vientos alisisos del sureste, además de la fuerte corriente del oeste? ¿O hacia el oeste entorno a mil doscientas millas donde estaban las islas Marquesas? Pero en aquellos tiempos en estas últimas aún eran muchos los que consideraban que sus pobladores nativos practicaban el canibalismo, Georg H. von Langsdorff(2), que arribó a las islas en 1804 contó que sus nativos encontraban la carne humana tan deliciosa que a quienes la habían probado ya les costaba abstenerse de su consumo, aunque los antropólogos de nuestros tiempos tal hecho nunca lo han podido confirmar. Varios cientos de millas al sur de las Marquesas se encontraba el archipiélago de Tuamotú, que igualmente por los mismos motivos no gozaba de buena reputación entre los marinos norteamericanos, y más al oeste, a unas dos mil millas, las islas de la Sociedad, que Pollard consideraba una posibilidad más segura que las Marquesas, y a las que con algo de suerte en un mes podrían arribar. Y por último quedaba la opción de las islas Hawái, más de dos mil millas al noroeste, a las que Pollard temía porque hacia finales del otoño se suponían frecuentes las tormentas en esa región del Pacífico, por lo que para él lo mejor era que navegaran hacia las islas de la Sociedad. 


The New American Practical Navigator de Nathaniel Bowditch

 Pero tanto Chase, como Joy consideraban que sobre ellas la información era escasa, y que del mismo modo que en las Marquesas, lo habitual sería que sus pobladores nativos gustaran de la costumbre del canibalismo, y proponían aún con el inconveniente de los vientos alisios navegar hacia el sur hasta los 26º de latitud para buscando otros vientos ir posteriormente hacia Chile o Perú, lo que estimaban les llevaría unos dos meses, para lo que tenían provisiones, añadiendo además la posibilidad de cruzarse con algún barco ballenero que si eran más frecuentes en esa zona. Pollard pese a no estar muy conforme con este plan, finalmente cedió a sus pretensiones (eran dos contra uno), lo que sin que todos los supieran en aquel momento, fue un grave error. 

 Puede resultar difícil de creer que los marineros de Nanctucket en realidad desconocieran el Océano Pacífico hasta ese extremo después de décadas de navegación por él. Desde primeros de siglo los mercantes que cruzaban el océano a China desde los puertos de Nueva York, Salem y Boston, hacían frecuentes escalas tanto en Hawái, como en las Marquesas cuando lo cruzaban hacia Cantón, y pese a los continuos rumores de canibalismo que por entonces había, era igualmente fácil encontrar fuentes fiables que los desmentían. El capitán Townsend, del Lion, meses antes de que el Essex zarpara, regresó con tres nativos de la isla de Nuku Hiva,  la más grande de las islas Marquesas, y contó que la tranquilidad reinaba en las islas desde la visita del capitán David Porter durante la guerra de 1812, todo ello en detalle se publicó en un artículo en el periódico New Bedford Mercury de Bristol (Massachusetts), artículo que todo parece indicar los oficiales desconocían. Pero es que su ignorancia de las islas Sociedad, es aún más sorprendente, desde 1979 existía en la isla de Tahití una próspera misión inglesa, con incluso una enorme capilla mayor que cualquiera de las de Nantucket.


  La explicación más plausible de este modo de proceder está en el tremendo conservadurismo de los marinos de Nantucket de por aquél entonces, que tendían a rechazar todo aquello que no viniera de su propia experiencia y tradiciones, además de su ciega confianza en sus propias capacidades como curtidos hombres de la mar, aspectos que los habían encumbrado en la industria ballenera, y cierto es que las tripulaciones de estos balleneros estaba considerado que iban dotadas con algunos de los hombres más reputados que alguien podía contar, para además de enfrentarse a la mar durante muchos meses o incluso años, acometer las exigentes tareas que se demandaban en aquellos barcos. Sólo así se puede entender, en esa mezcla "de ignorancia" y de bravura que rayaba la insolencia, que decidieran aventurarse a pasar el doble de tiempo en sus apreciadas balleneras escogiendo la ruta más larga y difícil, e intentar volver a lo que para ellos era "terreno conocido", considerando que si bien era un enorme reto, para nada era inasumible. Los grandes desafios de la pesca del cachalote habían dotado a los marinos de Nantucket con una gran capacidad de resistencia al peligro y al sufrimiento, y sus balleneras aún estando muy lejos de las capacidades del Essex, no eran meros botes salvavidas, eran embarcaciones concebidas para navegar eficazmente en alta mar, construidas con finos tablones de cedro y muy ligeras, que tenían una destacada flotabilidad.


   Pero además de todo ello, la personalidad del joven capitán y de sus aún más jóvenes oficiales, resultaron decisivas en las decisiones finalmente adoptadas, Pollard para nada era inconsciente de su posible error, pero en lugar de imponer su autoridad para según su buen criterio tomar la ruta de las islas de la Sociedad, optó por ejercer un tipo de liderazgo conocido en el ámbito psicológico social como "liderazgo democrático", permitiendo a sus subordinados tomar decisiones vinculantes para el grupo, en vez de ejercer un tipo de liderazgo conocido como "liderazgo autocrático" (mucho más propio de su cargo y función y algo del todo aceptado y exigido por los armadores al buscar un capitán con las dotes aconsejables de mando para el barco) y que según los psicólogos especializados en supervivencia es mucho más apropiado en los primeros instantes que tienen lugar después de un desastre en los que las decisiones deben tomarse con rapidez y firmeza.

 Y es que es un error frecuente y muy extendido, creer entre los aficionados al estudio de la supervivencia, que el tipo de liderazgo más apropiado en las situaciones de supervivencia grupal es el del "liderazgo democrático", aquél en el que de forma común todo el grupo participa y de cuyo resultado por ejemplo se toma una decisión mayoritaria o consensuada, lo que no pocas veces ha tenido consecuencias nefastas para sus miembros. Generalmente es a posteriori cuando las situaciones de supervivencia se prolongan sin una finalización inminente, cuando adquieren suma importancia las habilidades de liderazgo social y cuando se debe integrar a todos los miembros para así poder mantener la moral. Por eso siempre se ha de mantener una actitud flexible y nunca previamente condicionada, abierta a estudiar de modo conveniente cada situación en concreto, si ya la psicología de la supervivencia es mal comprendida e interpretada a nivel individual aún a día de hoy, a nivel grupal es todavía muchísimo más complicada y mas desconocida, y lo que debe siempre primar en los modos de actuación es el bienestar y la supervivencia del grupo, incluso como es lógico, independientemente de lo políticamente incorrectos que estos modos puedan parecer.


 Así que como consecuencia de todo ello, los hombres del Essex se dirigieron hacia América del Sur, pero lo que presumían una empresa razonable, con el paso de los días y de navegar en aquellas condiciones, comenzó a convertirse poco a poco en una cada vez más cruenta situación de supervivencia, cuando ya hacía varias semanas del naufrágio y sin ver tierra, y los hombres se encontraban ya atormentados por el hambre y la sed, además de medio ciegos debido al sol y su reflejo en el mar. El 19 de diciembre, al punto de cumplirse un mes a bordo de las balleneras, varios de los hombres ya se estaban dando por derrotados y su deplorable aspecto físico y mental no hacía presagiar nada bueno, pudiendo ya incluso fallecer alguno de ellos en unos pocos días, cuando uno de ellos se levantó para estirar un poco las agarrotadas piernas, y mirando a sotavento exclamó "Tierra a la vista", lo que hizo que automáticamente todos despertaran de su letargo, ante sus ojos por fin aparecía algo más que mar. Como luego estimaron al llegar a la playa y hacer los cálculos pertinentes, al parecer se encontraban en la isla de Ducie, después de un mes y unas mil quinientas millas, estaban más lejos de las ansiadas costas del sur de América, que antes de la partida, y como luego también descubrirían, aquella isla tampoco resultaría ser lo que la mayoría deseaban...




Continuará...

Saludos.
  1. Nathaniel Bowditch ( / b aʊ d ɪ tʃ / ; 26 marzo 1773 hasta 16 marzo 1838) fue un matemático recordado por sus trabajos sobre la navegación el océano. A menudo se le acredita como el fundador de la navegación marítima moderna; su libro The New American Practical Navigator, publicado por primera vez en 1802, de publicación continua y ampliada desde entonces, todavía se lleva a bordo de todos los buques de la Marina estadounidense. 
  2. Georg Heinrich von Langsdorff, barón de Langsdorff; (Wollstein, Alemania, 8 de abril 1774 - Friburgo de Brisgovia, 29 de junio 1852) fue un aristócrata prusiano, médico, político y naturalista. Vivió en Rusia yf ue miembro correspondiente de la Academia Imperial Rusa de Ciencias y un respetado físico, graduado en medicina e historia natural en la Universidad de Göttingen, Alemania. Langsdorff, primero participó como naturalista y médico en la mayor expedición rusa que circunnavegó el globo comandada por Ivan Fedorovich Kruzenshtern, entre 1803 y 1805. Dejó la expedición en Kamchatka y exploró las islas Aleutianas, isla Kodiak e isla Sitka y llegó a San Francisco, desde donde regresó en barco a Siberia y desde allí, por tierra, hasta San Petersburgo, llegando en 1808.
Bibliografía: 
En el corazón del mar - Nathaniel Philbrick (Seix Barral Colección: Biblioteca Formentor)
Wikipedia

miércoles, 14 de marzo de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (I)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar"


 Cuando en su momento y 
por casualidad supe de esta película (hacia finales del 2016) debo reconocer que no le presté demasiada atención - ¿Otra vez Moby-Dick? - fue mi primera reacción. Y por lo tanto tampoco me extrañó que nunca antes hubiera oído nada sobre ella, pese a ser del 2015, pero al leer la sinopsis, me asaltó una duda...
 "En el invierno de 1820, Owen Chase (Hemsworth) y otros marineros de la tripulación del Essex sobrevivieron en alta mar en durísimas condiciones después de que el barco chocara con una enorme ballena blanca. Owen, obsesionado con la idea de dar caza al cetáceo, se enfrentó a las tormentas, al hambre y a la desesperación. Inspirada en la historia real en la que se basó Herman Melville para escribir el famoso relato 'Moby Dick'". - FilmAffinity
 ¿Y si fuera verdad? Es decir... ¿Y si fuera verdad que esta película se basara en la tremenda historia real que ya conocía del ballenero Essex y tratara de contar lo que allí ocurrió en detalle y no lo que nos contó de forma muy suavizada Herman Melville en Moby Dick? ¡Hummm! ¡Demasiada tentación para un espíritu curioso, y afortunadamente! Al menos en este caso, porque mi curiosidad se vio sorprendente y gratamente recompensada, dado que pese a ser una estupenda película del género, no es una película que para nada esté entre las frecuentemente recomendadas entre los aficionados "a estas cuestiones de la supervivencia".


El ballenero Essex, navegando raudo y audaz hacia la tormenta...

   Y es que la historia del ballenero Essex es una de las más grandes, por terrible, de las historias de un naufragio que todo estudioso de la disciplina de la supervivencia debería conocer, como por ejemplo lo son la de la Expedición Endurance (Sir Ernest Shackleton), o la del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya (el Milagro de los Andes), y aunque todas tienen en común que tratan de como un grupo de hombres se enfrentan a un destino incierto para ellos bajo unas circunstancias tremendamente adversas, que en todo momento amenazaban sus vidas, cada una en si misma tiene sus propias características bien diferenciadas que las hacen muy distintas entre si.




 El Essex fue un barco ballenero del siglo XIX de 27 metros de eslora y 238 toneladas de peso, que zarpó de puerto en Nantucket en 1819 para un viaje de un año y tres meses hacia las zonas de caza de ballenas en el Pacífico Sur. Nantucket es una pequeña isla ubicada a unos 50 km al sur de Cape Cod, Massachusetts, en los Estados Unidos. Sus primeros pobladores eran nativos de la tribu Wampanoag y quienes bautizaron la isla con el nombre de nantocke, "la tierra de más allá". En 1641 aparecieron los primeros colonos ingleses, que en pocos años se hicieron con el dominio de la isla, y los nativos americanos se fueron extinguiendo poco a poco por culpa de las enfermedades transmitidas por los colonos, muriendo el último de ellos, Abram Quary, en 1855.


El Nantucket de entonces.

 Pero si por algo es famosa Nantucket, y a lo que debe haberse convertido en un importante destino turístico, es sobre todo al fundamental papel que tuvo su industria ballenera, que estuvo activa desde 1712 hasta su declive a partir de mediados del siglo XIX, donde acabó siendo uno de los más importantes centros balleneros del mundo, y es que por entonces "el aceite de ballena", fue un recurso enormemente valorado y ampliamente explotado, debido a que era maxivamente usado como combustible en lámparas y en el alumbrado público, además de como cera en las velas, y siendo el primer aceite animal usado comercialmente de forma intensiva como lubricante en la industria para las máquinas de aquél entonces, como las usadas en las fábricas de algodón durante el auge de la revolución industrial (su viscosidad cambia muy poco con el calor o el frío, funciona bien a altas presiones y altas velocidades, humedece la mayoría de los metales y penetra en los resquicios más pequeños), y eso entre otros muchos usos que se le daba, de ahí que el espermaceti (el aceite de ballena más importante que se obtiene de las cavidades del cráneo de los cachalotes) era considerado un auténtico "oro líquido" suponiendo su obtención un serio inconveniente para la subsistencia de las ballenas en nuestros mares y océanos (se estima que en el siglo XIX fueron capturados entorno a los 200.000 cachalotes), de no ser gracias al desarrollo del queroseno a partir del carbón en 1846 y el descubrimiento del petróleo en las perforaciones a finales del siglo XIX, que llevó al reemplazo de los aceites de ballenas en la mayoría de aplicaciones no alimentarias (aunque lo cierto es que pese a que la cacería declinó desde la década de 1880 hasta 1946, se reactivó de nuevo con nefastas consecuencias después de la Segunda Guerra Mundial, y en la era moderna al menos fueron cazados 770.000 ejemplares, la mayoría entre 1946 y 1980).

 Instalación de la época para el molido y prensado del espermaceti.





  Y después de ponernos en situación histórica con esta pequeña aclaración del porqué los hombres de aquella época perseguían con tanto ahínco a estos grandiosos cetáceos, sigamos con el motivo principal de esta reseña, la impactante tragedia del ballenero Essex. El Essex, que contaba con tres balleneras, llevaba como capitán a George Polard Jr de 28 años para quien era su primer viaje al mando de un ballenero,  como primer oficial y arponero iba Owen Chase, y como segundo Mathew Joy. A la hora de subir a las balleneras para la caza, con el capitán iban cinco hombres de la localidad, incluido su primo Owen Coffin, y un camarero negro. Con el primer oficial, iban dos locales, el grumete Nickerson, dos foráneos y otro afroamericano. Y finalmente acompañando al segundo oficial, Joy, cuatro hombres de color y dos más forasteros. El 14 de Agosto de 1819, a los dos días de dejar Nantucket, el buque fue azotado por una borrasca que destruyó el juanete y estuvo a punto de hundirlo. Aún así, Pollard siguió adelante, cruzando Cabo de Hornos cinco semanas más tarde, pero se encontraron que las aguas frente a las costas de Sudamérica estaban casi esquilmadas, y decidieron aventurarse en los lejanos caladeros de ballenas del Pacífico Sur, alejados de la costa, haciendo escala en la Isla de Carlos en las Galápagos para coger provisiones, donde se hicieron con 60 tortugas.


Reproducción naval artesana del ballenero.

   Tras varios meses de travesía y a cientos de millas de distancia de tierra, en Noviembre de 1820, los hombres a bordo de los botes balleneros del Essex habían ya dado caza a varias ballenas y disfrutado de los "paseos en trineo de Nantucket", como la tripulación denominaba a aquellos momentos en que las balleneras eran arrastradas velozmente por los enormes cetáceos a los que quedaban enganchados una vez arponeados, cuando ocurrió lo inesperado. Según contó Owen Chase que en aquél momento aún estaba a bordo, un gigantesco cachalote, mucho más grande de lo normal, entorno a los 26 metros y quizá 80 toneladas, con su poderosa cabeza en forma de ariete llena de cicatrices y que se encontraba en la superficie a cierta distancia, después de dar varios de sus característicos y ruidosos soplidos lanzando sus impresionantes chorros que se pueden elevar hasta 15 metros, enfiló rumbo hacia el barco embistiéndolos en dos ocasiones y provocando finalmente su hundimiento, mientras el resto de la tripulación estaban persiguiendo y arponeando a otros miembros de la manada. El barco naufragó a 2.000 millas náuticas (3.700 kilómetros) al oeste de la costa occidental de Sudamérica. Tras el naufragio los marinos se embarcaron en los tres pequeños botes balleneros usándolos como botes salvavidas, con escasos suministros de comida y agua potable.


El periplo del Essex.

 Lo cierto es que el hundimiento de un ballenero por el ataque de un cachalote, aún no siendo incluso por entonces algo para nada habitual, se sabe de algunos casos más además del que nos ocupa que por entonces se dieron, y es que debido a su tamaño el cachalote podía algunas veces defenderse eficazmente de aquellos primeros balleneros. Pero si bien como narro el hundimiento del Essex no es el único caso conocido, si es el caso más famoso, y el porqué entre otras cuestiones lo veremos en la próxima parte donde entraremos no sólo a contar, sino a analizar a fondo los detalles diferenciadores de esta historia desde el punto de vista de la supervivencia, porque los verdaderos problemas y la auténtica situación de supervivencia para los veinte marinos que viajaron hasta entonces a bordo, no acababa más que iniciarse y a su pesar acabarían encontrándose, además de en el corazón del mar, "bajo la ley del mar".



Continuará...

Saludos.

A LA SEGUNDA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (II), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (y un liderazgo mal entendido)

miércoles, 28 de febrero de 2018

 
EL BOWIE YUKON DE LINDER
Y SU FUNDA ARTESANAL
 "by" Yannick

"Además del rifle y de sus pistolas llevaba al cinto un cuchillo Bowie con una afilada hoja de veinticinco centímetros"
 ”El Trampero”  Vardis Fisher


 De los cuchillos que tengo, este Bowie Yukon de Linder está entre mis favoritos. Una herramienta de estilo clásico que trae enseguida el recuerdo de la Conquista del Oeste, de esos rudos hombres de frontera como el que nos cuenta precisamente Vardis Fischer en su memorable novela "El Trampero" de la que aquí por cierto también tenéis la reseña ”El Trampero” (título original Mountain Man). Y es que hasta sus medidas coinciden, 25 cm de hoja (24,9 para ser exactos). Por lo demás, buen acero 420 de Solingen, 4,8 mm. de espesor, 4,4 cm. de ancho de hoja, una longitud total de 38,4 cm. y unos sorprendentes 465 g. de peso.



   Mango de madera de granadillo, guarda de latón y un dibujo indio grabado en oro en el comienzo de la hoja en ambos lados, son otras de las características que le dan esa gran elegancia y ese estilo con sabor añejo.



 Es muy ligero pese a su tamaño, está perfectamente equilibrado, no es el típico "bowie masivo" que sirve para hacer brazo, se siente muy ligero y no por ello es un inconveniente a la hora de machetear, labor que desempeña con eficacia, pese a que su vaciado cóncavo no sea el más indicado para ello, gracias entre otras cosas a un afilado de verdadera calidad que también le confiere un notable corte.


 
La punta es "clip point" y muy larga, ya que el falso contrafilo va más allá de la mitad del lomo, pero sin la curvatura demasiado acusada de las clásicas, quedando bastante centrada similar a una "drop", un endemoniado pincho que clava sin ninguna dificultad y casi sin necesidad de fuerza...

Su aspecto más negativo, la funda original, viene con un cierre de velcro que hace un ruido tremendo y además tan mal diseñada que se engancha en él al extraerlo con una mano... Pero nada que no se pueda arreglar recurriendo a un buen artesano como lo es mi amigo Yannick que realizó un gran trabajo bajo la premisa sobre todo de la funcionalidad añadiéndole además una gran belleza clásica que no desentona con el estilo del cuchillo.



 Se trataba de hacer una funda de calidad, que no añadiera un peso excesivo y que permitiera el desenfunde a una mano sin ninguna dificultad y eso es lo que Yannick realizó eficazmente.

Aquí lo podemos ver con otro compañero que en breve os mostraré y que también ha sido muy bien vestido por el mismo artesano, ya que este no es que viniera con mala funda, es que venía sin ella... La "extraña pareja..."



 En definitiva es una buena herramienta que tiene su lugar bien definido en el aspecto de la supervivencia y que en su momento explicaré a fondo en un trabajo, evidentemente no es el cuchillo ideal para supervivencia deportiva ni buscraft, y menos con la penosa legislación que tenemos en este aspecto en nuestro país... Y eso es todo, espero que os haya gustado la reseña y el reportaje fotográfico.

Saludos.

 TRAUMA PAK (PARA HEMORRAGIAS) DE AVENTURE MEDICAL KITS


 
Como explicaba en el artículo BOTIQUINES INDIVUALES DE NORTH AMERICAN RESCUE TCCC "a la hora de preparar un botiquín para las diversas modalidades que se realizan relacionadas con el mundo de la supervivencia (Bushcraft, Supervivencia Deportiva, Preparacionismo, etc.) y deportes o actividades en el medio natural (senderismo, trekking, BTT, alpinismo, etc.) siempre me asaltó una duda, y es que dado que nos encontramos en muchas de estas actividades muy alejados de un pronto auxilio convencional como el que podemos tener en actividades más cotidianas que se desarrollan en entornos urbanos o cercanos a estos, en caso de lesiones de gran consideración del tipo por ejemplo de una hemorragia severa, ¿cómo hacer frente a estas con medios lo más apropiados posibles dadas las circunstancias? Y es más... ¿Existía tan siquiera esa posibilidad al alcance del personal civil no involucrado en el mundo profesional de la sanidad o de las fuerzas del orden?"


Como vemos por el envase, una solución sanitaria enfocada al tratamiento de hemorragias en actividades deportivas

   
Y veíamos que a consecuencia de esa búsqueda realicé el Curso LEFR-TCC (Law Enforcement and First Response Tactical Casualty Care) en la edición 2015 de la STS, lo que me llevó hacia la muy adecuada solución de "los botiquines de combate" BOTIQUINES INDIVUALES DE NORTH AMERICAN RESCUE TCCC 


Vista posterior del envase del Trauma Pak 

 También comentaba "que muchas de las enseñanzas adquiridas a lo largo del tiempo en los campos de batalla han terminado teniendo aplicación en el campo civil" y que ya había personal civil involucrado en que esta aplicación llegara a ser de uso común cuando fuera menester en nuestra sociedad. Pues bien, la solución que hoy os muestro está dentro de ese ámbito, y la idea no es otra que cualquier practicante de actividades deportivas en la naturaleza pueda dispone de un kit para tratar hemorragias de ya cierta consideración con mayor garantía.

Listado de artículos sanitarios que contiene el TRAUMA PAK

 
No obstante a día de hoy este tipo de soluciones aún tienen dos pegas importantes, una, el desconocimiento de ellas en nuestra sociedad civil, incluso todavía por buena parte del personal sanitario (aunque esta es la principal finalidad de estos trabajos que estoy publicando, la divulgación), y dos, que tampoco se suelen comercializar en nuestro país, teniendo que recurrir en gran medida a canales de importación si queremos adquirirlos.

Comprado en los EE.UU. ¡no quedó otra!

 ¿Y qué es entonces el Trauma Pak de Aventure Medical Kits? Pues entre las soluciones que ofrece AVENTURE MEDICAL KITS para el personal civil enfocadas al tratamiento de hemorragias tiene una linea de productos cuyo aliciente principal es que están basados en los agentes hemostáticos de QuikClot®️ (si bien a su vez este fabricante tiene una gama diversa de soluciones, QuikClot®️ es una marca registrada, no un producto específico, de ahí que tenga otras soluciones como el QuickClot Combat Gauze más enfocado al mundo militar), en concreto el que viene en este PAK es el Clotting Sponge, es decir, una esponja impregnada en un componente estudiado para el control de hemorragias que en este caso contiene mineral de zeolita, y en cuya aplicación se ha avanzado de tal manera que generalmente ya no produce problemas de quemaduras graves como ocurría hace años con las primeras versiones de estos productos. 


QuickClot Clotting Sponge, "la estrella" del kit.

 ¿Y qué es esto de la zeolita, como trabaja y cual es su eficacia en el tratamiento de hemorragias? Es evidente que estamos tratando cuestiones serias y delicadas en grado sumo... Vamos a ver un informe independiente donde se analizan diversos productos para hemostasis y que nos cuentan:
Los agentes hemostáticos de mineral de zeolita, tales como QuickClot, son polvos granulares consistentes en un tamizado molecular hecho de minerales inertes, como óxidos de silicio, aluminio, magnesio y sodio. El QuickClot absorbe los líquidos en el sitio de la herida incrementando, por lo tanto, la concentración local de factores de coagulación, plaquetas y eritrocitos, para estimular la hemostasia [92]. En estable, fácil de usar y cuesta sólo 10 dólares por paquete. Fue empleado por las fuerzas armadas estadounidenses en Irak y Afganistán como un agente hemostático.
El QuickClot es muy efectivo para los sangrados a baja presión, pero lo es menos para los de alta presión. Un estudio de 103 casos militares y civiles documentados, indicó que el QuickClot controló la hemorragia en 92% de las aplicaciones. El QuickClot tiene una eficacia del 100% cuando es usado por los primeros en atender al herido en el campo de batalla; las únicas fallas ocurrieron cuando fue usado por médicos como último resorte en pacientes coagulopáticos moribundos [101]. No obstante, otra evidencia anecdótica de Irak, describe cómo el sangrado de alta presión puede forzar al polvo del QuickClot a salir fuera de la herida, haciéndolo inútil [88]. Aunque el QuickClot está aprobado sólo para el control de hemorragias externas, 20 de los casos, en el estudio previamente mencionado, fueron instancias de uso intracorporal por cirujanos de trauma. En uno de esos casos, se presentó una complicación mayor por la formación de tejido cicatrizal debido a una reacción a cuerpo extraño.
En cerdos con lesiones complejas de la ingle y resucitación hipotensiva retardada, todos los sujetos tratados con QuickClot sobrevivieron, mientras que sólo la mitad de aquellos tratados con compresión estándar con gasa sobrevivieron [92]. El éxito del QuickClot en esos experimentos dependió probablemente de la acumulación de sangre en la cavidad inguinal del cerdo, debida muy probablemente a un flujo sanguíneo lento por el estado de hipotensión [88]. En contraste, las secciones arteriales humanas suelen tener alto flujo sin acumulación de sangre, haciendo – por lo tanto – más difícil la formación del coágulo, una explicación que concuerda con las referencias anecdóticas del fracaso del QuickClot en sangrados con alta presión en Irak. En un experimento en cerdos con lesiones complejas en la ingle, 11 de 12 animales sobrevivieron; la única muerte se debió a que el polvo no cubrió los vasos incididos sino que migró dentro de un vacío en el tejido blando adyacente. No obstante, siguiendo el análisis estadístico, los autores estimaron que la tasa de sobrevida fue insignificante cuando se comparó con los 6 de 12 animales que sobrevivieron con el apósito estándar.
La disminución de la efectividad del QuickClot en los sangrados con alta presión ha sido manejada por el fabricante en la última generación del producto. El mineral de zeolita ahora está encerrado en una bolsa de gasa, por lo que puede ser aplicada en el sitio de la herida bajo presión, sin que la zeolita sea lavada por el flujo de sangre. En estudios no publicados en cerdos Yorkshire en la institución de los autores (Duke University Medical Center), el encierro de la zeolita parece haber superado esa dificultad. La absorción de líquido por el mineral de zeolita es un proceso exotérmico; en la formulación inicial del QuickClot, (usada en los estudios anteriormente citados) el calor liberado podía provocar daño en los tejidos. Las temperaturas medidas en las heridas en los estudios con animales mostraron un rango entre 42ºC [92] y 70,8ºC, dependiendo del flujo de sangre y de la cantidad de QuickClot añadido. De los 103 usos documentados del QuickClot, el 25% de los pacientes reportó dolor y malestar leve a severo, con 3 casos de quemaduras. El fabricante ha solucionado este problema mediante prehidratación de la zeolita, por lo cual absorbe agua menos exotérmicamente. En la experiencia de los autores de este trabajo, la temperatura máxima del QuickClot medida en cerdos Yorkshire tratados por lesiones de la ingle fue de 42,3ºC, lo que confirma lo sostenido por el fabricante.
La última generación del producto parece haber solucionado los problemas de la formulación inicial del QuickClot: el encierro de la zeolita en una malla quirúrgica permite la compresión y la prehidratación permite que absorba agua menos exotérmicamente. De acuerdo con los resultados no publicados del Duke University Medical Center, las manifestaciones del fabricante parecen ser válidas. En la actualidad, el producto es comercializado para el público general para su uso en equipos de primeros auxilios. Sin embargo, hasta el presente, no se ha publicado ningún estudio independiente sobre la efectividad del producto modificado; todos los estudios mencionados anteriormente se refieren al producto original, previo a su modificación (1). 
Aquí podemos ver todo el contenido de la bolsa del TRAUMA PAK

Así que ahora veamos el resto de componentes, en cuyo caso me voy a limitar a la foto puesto que vienen con el nombre en varios idiomas (salvo el pequeño rollo gris de cinta americana), y entre ellos el nuestro, porque también viene una hoja con instrucciones que si que no está en nuestro idioma.










 
Lógicamente viene con sistema de apertura rápida para su uso en emergencias.
Compacto, ligero y estanco incluso después de abierto para este artículo gracias al cierre tipo ziploc que trae la bolsa



Y eso es todo por ahora, como hemos visto agentes hemostáticos tópicos tales como este QuikClot son popularmente utilizados por los militares para detener hemorragias rápidamente en el campo de batalla. Después de su aplicación con éxito en zonas de guerra, estos agentes se han aplicado al campo médico civil, y son ya utilizados por los cirujanos y vehículos de emergencia en países como EE.UU. Dado que esta tecnología ha avanzado y se ha vuelto más segura, ya está disponible para su compra por particulares. Ahora sólo queda que este tipo de soluciones se vayan difundiendo en otros países como el nuestro.

Saludos.

  1. Fuente INTRAMED http://www.intramed.net/