domingo, 15 de abril de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (IV)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar" 
(Y cuando el hambre enloquece a los hombres)




 Como decíamos, el objetivo de los diecisiete hombres que partieron de la isla de Henderson era llegar a la isla de Pascua. El gran inconveniente del plan que habían trazado era que para ello deberían navegar como vemos en el mapa, con rumbo este, algo que hasta ahora les había resultado poco menos que imposible, pues desde su naufragio para arribar a la isla Henderson los vientos y las corrientes les habían llevado en dirección suroeste. Para que su objetivo fuera factible, y poder realizar una distancia muy cercana a los 2000 kilómetros en un tiempo razonable con las provisiones que contaban, les eran necesarias al menos dos semanas con vientos del oeste, pero en la zona que se encontraban lo habitual es que siguieran bajo el influjo de los vientos alisios que soplaban comúnmente desde el sureste. Sin embargo, como contó Chase, aquella primera noche sopló una fuerte brisa del noroeste que los empujó directamente hacia la isla de Pascua, y disfrutaron de una apacible jornada asando peces y pájaros sobre las piedras planas que en cada ballenera junto con algo de leña habían recogido antes de la partida y así poder cocinar en las mismas.

   Una de las precauciones que tomaron, al contrario de lo que hicieron en la anterior travesía hasta su legada a la isla, fue llevar una estimación de su avance hacia el este. Para ello y poder calcular la longitud, junto con la posición del sol a mediodía, usaron además de la brújula una corredera improvisada para estimar la velocidad, lo que les permitió no navegar como hasta entonces casi a ciegas. Y durante tres días siguió el viento del noroeste para el 30 de diciembre soplar desde este-sureste durante dos días desviándolos con rumbo sur, pero el 1 de enero volvió desde el norte y recuperaron el rumbo correcto. El 3 de enero tuvieron un fuerte temporal que amenazó con hundirlos, entre truenos y relámpagos el fuerte oleaje les azotó y salpicó con violencia y los hombres temieron por sus vidas, pero al día siguiente cesó y el viento cambió a este-noreste, lo que finalmente les llevó a asumir la inevitable realidad de que nunca alcanzarían la isla de Pascua, habían sido desplazados demasiado hacia el sur. Consultaron el Navigator para dada su actual posición y las condiciones de vientos dominantes, ver que isla era la más cercana a donde poder entonces dirigirse, resultando ser las islas Juan Fernández que se encontraban a unas 800 millas de la costa de Chile (como curiosidad decir que en ese archipiélago está la hoy conocida como isla Robinson Crusoe(1)), pero ellos estimaron que estaban a más de 2.500 millas, una distancia aún mayor  de lo que hasta entonces habían recorrido en los cuarenta y cuatro días desde su naufragio.



  Por entonces acabaron las aves y peces y tuvieron que volver al racionamiento de agua y pan de galleta, el viento desapareció por completo y un sol abrasador volvía a caer sobre ellos sin piedad durante el día. Joy, el segundo oficial, con grandes problemas estomacales era quien peor se encontraba y su aspecto no presagiaba nada bueno tras aquellos once días en que habían dejado la isla Henderson y a duras penas se habían aproximado unas 600 millas al continente suramericano. Al día siguiente pidió ser trasladado a la ballenera del capitán, sabía que no le quedaba mucho de vida y no quería morir entre extraños, quería morir entre su gente de Nantucket, pero a los dos días finalmente su sentido del deber para con su tripulación le hizo demandar que le retornaran a su bote, y a las 16 horas de aquél mismo día y con veintisiete años, falleció. Aunque todos sabían que el segundo oficial llevaba ya tiempo enfermo, su muerte fue un mazazo para aquellos hombres que ya se encontraban en tan precaria situación, muy especialmente para los hombres de su ballenera, y Pollard envió entonces a su propio arponero de veintiún años, Obed Hendricks, para que se pusiera al frente de la misma. Cuando este finalmente se hizo cargo del bote de Joy hizo un lamentable descubrimiento, debido a su pésimo estado, este no había atendido el correcto racionamiento de las provisiones y calculó que a lo sumo no habría ya comida para más de tres días.



 A los cincuenta días de su naufragio en el Essex el viento llegó cada vez con más fuerza del noroeste y por la noche se encontraron envueltos en una nueva y violenta tormenta. Pero esta vez los hombres sentían más júbilo que miedo mientras cabalgaban en sus balleneras raudos las olas cual jinetes en un rodeo, como comentó el grumete Nickerson, comenzaban a temer más al hambre que a las tormentas y nadie allí hubiera cambiado la terrible tormenta por un viento en contra más moderado y aún menos por la ausencia de él en la dirección correcta. Habían acordado el rumbo que seguirían en caso de separarse puesto que la visibilidad era prácticamente nula, y aunque Chase iba en todo momento pendiente de no perder de vista los otros botes, entorno a las once de la noche ya no los vio más.

  Cuando amaneció todos en su bote buscaron en todas las direcciones sin éxito y aunque de nada servía lamentarse aquél nuevo giro a su situación de verse separados de sus compañeros aún les descorazonó un poco más, diecinueve días después de su partida de la isla de Henderson estaban solos y como el propio Chase contó habían perdido el ánimo que sentían al ver los rostros de los demás y que era tan necesario para ellos en medio de sus grandes apuros mentales y físicos. Repasando las provisiones y debido a su riguroso control del racionamiento, aún tenían mucho pan de galleta, pero calculó que no les quedarían menos de 1200 millas hasta las islas Juan Fernandez, así que tomó la drástica decisión de reducir todavía más la ración diaria si querían tener alguna posibilidad de sobrevivir de no ser rescatados por un barco antes de llegar a tierra.  Hasta entonces tomando unos ochenta gramos de pan de galleta al día habían consumido la mitad, y eso ya suponía un quince por ciento de lo que necesitaba una persona diariamente. Con todo, explicó a sus hombres el motivo de su decisión y redujo la ración a la mitad, a sabiendas de que en breve tiempo tendrían apariencia de esqueletos. 


   Y como es natural, la situación en los botes de Pollard y Hendricks que aún permanecían juntos después de la tormenta, era igualmente desesperada. Aquél 14 de enero en la ballenera de Hendricks agotaron toda la comida y sus cinco tripulantes se encontraban ante la encrucijada de que el capitán Pollard compartiera sus provisiones con ellos, lo que para él sin duda supondría un tremendo dilema, ya que tal medida implicaba que en pocos días más todos no tendrían nada que llevarse a la boca, pero ¿cómo negarse?


 Es difícil poder explicar en palabras la espantosa situación en que se comenzaron a encontrar en esos días posteriores los náufragos del Essex, con muchos días sin brisas alguna navegando a la deriva, bajo un sol abrasador ante el que como único recurso sólo les quedaba refugiarse bajo la lona de las velas y atormentados por un hambre cada vez más atroz que por momentos parecía no tener nunca límite en el aumento de su intensidad. La noche del 18 de enero, como posteriormente contó Chase fue un momento de desesperación en medio de sus sufrimientos, después de dos meses de padecimientos ahora se veían asaltados y aterrados por todo tipo de pensamientos negativos ante lo que parecía una muerte inevitable y cruel, según sus propias palabras "El miedo y la aprensión llenaban por completo nuestro pensamiento y todo en él era oscuro, lúgubre y confuso". El 19 de enero volvieron a encontrarse ya sin fuerzas aterrorizados en medio de un nuevo temporal antes de que el viento volviera a empujarlos con este-noreste, y el 20 de enero, a dos meses exactos de su naufragio y a mil millas del archipiélago de las Juan fernández, Richard Peterson que llevaba varios días ya entre delirios agonizante, finalmente murió y fue sepultado en el mar.

  Y ese mismo 20 de enero, ocho días después de perder de vista a Chase y su bote, los hombres de Pollard y Hendriks ya estaban terminando sus últimas provisiones, cuando igualmente falleció Lawson Thomas, uno de los hombres de color que iban en la ballenera de este último, y con apenas quinientos gramos del pan de galleta restante para diez hombres, surgió la inevitable cuestión que ya rondaba desde días en sus cabezas, comerse al muerto en vez de arrojarlo al mar. Y se me antoja que la decisión final para aquellos hombres torturados por el hambre en grado extremo no fue excesivamente difícil de tomar, aunque quizá si fuera más complicado decidir quien descuartizaba al que hasta entonces había sido su compañero de viaje y fatigas, una cosa es ponerse de acuerdo en que si hay que comerse al muerto, y otra quien se pone "manos a la obra".



 En ese sentido es ilustrativo el caso del mercante británico Nottingham Galley que en 1710 naufragó en la isla de Boon, en Nueva Inglaterra, donde la tripulación se encontró aislada, sin provisiones y sin posibilidad de recibir ayuda, y al morir uno de los hombres a las tres semanas, el resto de los compañeros del desdichado, aún después de intensas reflexiones y discusiones y que el propio capitán se negara en principio "a tan atroz y repugnante solución", acabaron llegaron a la misma decisión que los infortunados náufragos del Essex. Pero los marinos del Nottingham Galley se vieron incapaces de empezar la ingrata tarea de hacer pedazos el cuerpo de su compañero ¡y suplicaron a su capitán que la realizara él! Así que ante sus incesantes ruegos y súplicas, según contó posteriormente el capitán, y como solía ser habitual en estos casos, despojó al cadaver de manos, pies, piel y cabeza, arrojándolos al mar, sacó posteriormente el corazón, el hígado, los riñones, y finalmente cortó la carne de la espina dorsal, las costillas y la pelvis, y llegando la noche concluyó "la doble faena" (la del trabajo y en la que le metió su tripulación).



 El canibalismo como opción de supervivencia es un hecho que ha acompañado a la especie humana a lo largo de toda su historia desde tiempos muy remotos, y muy particularmente a los hombres que han surcado mares y océanos dadas las particulares características de estos viajes, llegando en estos casos a ser una opción mucho más frecuente de lo que en un primer momento se pudiera pensar, aunque como es fácil de suponer, los supervivientes lo procuraban ocultar. Se puede igualmente suponer incluso sin mucho riesgo de equivocación (aunque curiosamente nunca lo he visto tan siquiera insinuado), que muchos de los supuestos casos contados en esas épocas del aún inexplorado mundo, en que los supervivientes relataban que sus malogrados compañeros habían sucumbido devorados "por tribus caníbales", realmente hubieran sido devorados por sus propios compañeros de viaje. Con todo ello son muchos igualmente los casos que se sabe a ciencia cierta de naufragios en los que sus tripulaciones recurrieron a la práctica del canibalismo (como en el citado caso del Nottingham Galley), aunque para no hacer este relato ya aún mucho más largo, será un tema el del canibalismo como opción de supervivencia y sus diversas variantes, que veremos en otra entrada con la debida profundidad.

A LA QUINTA Y ÚLTIMA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (V)
"La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (E incluso aún estando vivos, comer, o no comer a nuestros compañeros, o ser comidos por ellos... ¡He ahí la cuestión!)

Saludos.

A LA PRIMERA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (I), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar"

A LA SEGUNDA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (II), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (y un liderazgo mal entendido)

A LA TERCERA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (III), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (En la isla)


  1. La novela Robinson Crusoe está basada en dos naufragios, uno de ellos es la del marinero escocés Alexander Selkirk, que fue rescatado en 1709 tras pasar 4 años en esta isla desierta, que hoy lleva su nombre en honor al libro. Sin embargo, la novela de Daniel Defoe, en su primera edición de 1719, si bien usa experiencias de Selkirk, está ambientada en una isla ubicada cerca de la desembocadura del caudaloso río Orinoco, como en la experiencia también conocida por Defoe del náufrago español Pedro Serrano que naufragó en el Caribe.
Bibliografía: 
En el corazón del mar - Nathaniel Philbrick (Seix Barral Colección: Biblioteca Formentor)
Wikipedia

domingo, 1 de abril de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (III)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar" 
(En la isla...)



 En la anterior entrada veíamos que los aún veinte supervivientes del Essex habían encontrado tierra firme al llegar a una pequeña isla, lo que de momento les había salvado de lo que parecía una muerte segura cuando después de un mes navegaban poco menos que a la deriva, y ya se encontraban en un lamentable estado de agotamiento tanto físico como mental. Desembarcaron en ella con cautela tomando todas las medidas de seguridad que creyeron convenientes, primero enviaron una avanzadilla permaneciendo el grueso en los botes e incluso hicieron varios disparos con sus armas para llamar la atención, ante la posibilidad de que estuviera habitada por nativos de naturaleza poco amigable y que además gustaran de la práctica del canibalismo, lo que como sabemos era su mayor preocupación. Pero la pequeña isla parecía deshabitada... 



   Lo que entonces desconocían es que habían errado en sus cálculos y que no se encontraban en la isla de Ducie, sino en la de Henderson, que se situaba aproximadamente en su misma latitud, aunque unas 220 millas más al oeste, ambas forman parte del mismo archipiélago de la Polinesia, las Pitcairn. Y lo que para su desgracia una vez más también desconocían porque por entonces incluso no venía registrada en el Navigator de Bowditch, es que la isla que da nombre al archipiélago, la Pitcairn, estaba apenas a 120 millas al suroeste de donde se encontraban, y que además en ella había ya por entonces asentada una comunidad que descendían nada menos que de la tripulación amotinada del también famoso buque HMS Bounty(1), lo que hubiera sido una solución mucho más adecuada para poder aprovisionarse en su precaria situación, porque como pronto descubrieron en apenas unos días, los recursos para subsistir en aquella isla eran mucho más escasos de lo que se podría en un principio pensar, empezando por el agua potable.



  Y es que cuando llevaban ya dos días en la isla, si bien no habían tenido mayor problema para hacerse con peces y aves como alimento, aún no habían encontrado una fuente adecuada de agua potable, teniendo que limitarse hasta ese momento a apenas lamer el agua que se escurría en la superficie de algunas rocas, lo que les hizo a Pollard y Chase después de discutir el problema, tomar la decisión de que al siguiente día concentrarían todos sus esfuerzos en encontrar agua, y de no hacerlo, abandonar entonces la isla con el nuevo amanecer. De hecho, en una cueva de la isla ya por entonces se encontraban los restos de ocho personas que al igual que ellos se estimó hubieran sobrevivido a un naufragio, y que en un estudio científico posterior muchos años después se pudo observar que habían fallecido por deshidratación. La isla de Henderson no es sino un atolón coralino de origen volcánico, pero tiene la peculiaridad de que buena parte de la mucha agua de lluvia que cae en su superficie a lo largo del año, no se pierde en el mar o se evapora, ya que después de filtrarse sobre la arena y el coral queda oculta a la vista acumulada en una capa subterránea a unos treinta centímetros sobre el nivel del mar, pero de no encontrar un manantial por donde brotara a la superficie, los náufragos del Essex que desconocían este fundamental detalle, no tenían posibilidad alguna de hacer uso de ella.



 Afortunadamente para ellos, al día siguiente, en un momento en que la línea de la marea se encontraba en su punto más decreciente debido a la baja mar, uno de los hombres observó que de una gran roca plana que en ese momento se hallaba al descubierto, brotaba un estupendo chorro de agua limpia y cristalina, apresurándose todos a beber ansiosamente hasta que por fin pudieron saciar su gran sed después de ya tantos días de escasez. El manantial de aquella roca sólo era apenas visible completamente al descubierto durante media hora durante la baja mar, quedando luego cubierto por casi dos metros de agua, pero eso bastaba para en ese tiempo poder llenar varios barriles y así garantizarles el no tener ya más escasez de tan preciado elemento, centrando desde entonces sus esfuerzos en conseguir alimentos, sobre todo de las aves que ajenas por completo hasta entonces al contacto humano para nada desconfiaban y las podían cazar sin dificultad.


  Pero llegado el 24 de diciembre, apenas transcurridos cinco días de su desembarco, observaron alarmados que las aves comenzaban a abandonar la isla ante la constante cacería a que eran sometidas por los hambrientos hombres. Como posteriormente contó Chase, todas aquellas partes accesibles y cercanas, ya las habían saqueado de todo lo que contenían, incluidos sus nidos, volviendo otra vez a encontrarse con que tenían de nuevo problemas para proveerse de alimento, en menos de una semana "habían arrasado los limitados recursos con que constaba la isla". Para el 26 de diciembre, después de siete días en la isla y treinta y cinco después del naufragio del Essex, decidieron que lo que más les convenía era abandonar la isla y seguir en dirección a otro punto que les hiciera más factible la supervivencia. Las costas de América del Sur, con Chile como punto más cercano, calculaban que estarían a unas 3000 millas, aproximadamente el doble de lo que ya llevaban recorrido, pero consultando  sus Navigator de Bowditch observaron que la isla de Pascua estaba a menos de un tercio de esa distancia, y aunque tampoco sabían nada acerca de la misma les pareció lo más conveniente, dada la dura experiencia vivida hasta ese momento durante el mes que habían navegado en las balleneras en mar abierto hasta la llegada a esa isla, que les hizo desistir de la idea de volver a intentar llegar directamente al continente.


   Comenzaron entonces a acondicionar en la medida de lo posible los botes con los escasos clavos que les quedaban para que pudieran resistir otra vez las acometidas del océano, y a aprovisionarse cuanto pudieron para la nueva partida. Y posteriormente reunidos, en una charla, cuando Pollard les comunicó que a primera hora del siguiente día zarparían llevando las balleneras los mismos hombres que antes de la llegada a la isla, tres de estos hombres que no eran de Nantucket, dando un paso al frente manifestaron su intención de no abandonar la isla y de no formar parte de la partida. Estos eran Thomas Chappel, arponero de la ballenera de Joy, y Seth Weeks y Willian Wright, dos adolescentes que iban el primero de ellos con Pollard y, el segundo con Chase, manifestando los tres auténtico terror de volver a encontrarse en los botes a merced del océano. Nadie puso objeción alguna a sus deseos, ya que eso significaba aligerar las embarcaciones y contar con su parte de las provisiones para el viaje, además de incluso reconocer el propio Chase que sólo para ellos tres sería probablemente más fácil encontrar sustento en la isla que el que ellos llegaran al continente en sus precarias embarcaciones. A su vez Pollard les prometió que de llegar al continente haría todo lo posible por procurar su rescate. Los tres, escogieron entonces un lugar lejano del anterior campamento, para comenzar a construir un refugio con ramas de árboles. Y en la mañana del 27 de diciembre, cuando la marea había subido lo suficiente para que las balleneras superaran los arrecifes que rodeaban la isla, el resto de los hombres finalmente partieron de aquella isla que tanto les había decepcionado.


 Como podemos ver del paso por la isla Henderson de los marinos del Essex se pueden extraer algunas conclusiones relacionadas con el modo en que afrontaron su estancia en la misma, quizá la más importante que ante el hambre y el estado de necesidad que ya padecían a su llegada no tuvieron reparo alguno en administrar convenientemente los recursos de la misma, y al no poner freno alguno a su voracidad "consideraron la isla agotada" en menos de una semana. Si bien la isla de Henderson no es un lugar abundante en cuanto a recursos (la ya mencionada isla Pitcairn es la única que a día de hoy está habitada en el archipiélago y que habitualmente lo ha estado), una vez solucionado el más apremiante problema del agua potable, otro modo más eficiente de gestionar los recursos disponibles era posible, recurriendo más a la pesca y no abusando del saqueo de las aves, como hicieron en su momento durante incluso años pobladores nativos de la Polinesia que tuvieron asentamientos en ella, hay evidencia arqueológica que muestra que entre los siglos XII y XV tuvo una pequeña población permanente de probablemente unas cuantas docenas de personas. Es curioso, pero pese a vivir de la mar, dado su oficio especializado en la caza del cachalote, estos hombres tenían más mentalidad de cazadores, que de pescadores. Y lo que pronto una vez más descubrirían los diecisiete que habían partido, es que los escasos días que habían pasado en la isla no habían sido suficientes para que sus cuerpos aún se recuperasen para aventurarse en un nuevo viaje, y el hambre mucho antes de lo previsto haría de nuevo su aparición, pero esta vez con consecuencias devastadoras.

Continuará...

Saludos.


A LA PRIMERA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (I), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar"

A LA SEGUNDA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (II), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (y un liderazgo mal entendido)


  1. HMS Bounty: El motín a bordo del navío HMS Bounty de la Marina Real Británica tuvo lugar el 28 de abril de 1789 en medio del océano Pacífico. Tripulantes insatisfechos, liderados por el ayudante de maestre Fletcher Christian, tomaron el control de la embarcación de manos de su capitán, el teniente William Bligh, a quien dejaron a la deriva a bordo de un bote con pocas provisiones junto con otros dieciocho marineros leales. Los amotinados se establecieron en Tahití o en las islas Pitcairn, mientras que Bligh conseguía realizar un viaje de más de 6500 km hasta encontrar tierra, comenzando entonces un proceso para que los amotinados comparecieran ante la justicia.
Bibliografía: 
En el corazón del mar - Nathaniel Philbrick (Seix Barral Colección: Biblioteca Formentor)
Wikipedia

martes, 20 de marzo de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (II)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar" 
(y un liderazgo mal entendido)

 En la primer parte dejábamos al Essex hundiéndose mientras toda la tripulación "se ponía a salvo" en los botes balleneros. Pero encontrándose aquellos hombres a dos mil millas náuticas de tierra y en una zona del océano donde habitualmente no había rutas comerciales, y menos en aquella época, creo que no es necesario explicar mucho que la cosa no pintaba bien. Y aunque decidieron con buen criterio racionar las escasas provisiones que pudieron salvar en el naufragio, consistentes en poco más de doscientos setenta kilos de una especie de galleta, algunas tortugas, y varios toneles de agua, debido ello no ta sólo a que la mayor parte de las provisiones estaban en la bodega inferior que anegada por las vías de agua era inaccesible, sino al limitado espacio con que contaban en los pequeños botes, con el racionamiento calcularon que tendrían para dos meses a razón de un cuarto de kilo de galleta, y litro y medio de agua, por hombre y día, lo que dado la enorme distancia a la que estaban, podía aún no ser suficiente garantía, aunque como veremos en breve aún quedaba otro importante y fundamental detalle a considerar...


   En cuanto a herramientas contaban con casi un kilo de clavos, dos pistolas, un mosquete y un barril de pólvora, además de los arpones, y con las vergas de los mástiles y las velas del barco naufragado, armaron velas para las balleneras. A cada una de ellas le añadieron dos palos cortos, dos velas tarquinas, y un foque, y a última hora comprendieron que necesitaban además modificar los botes dotándoles de más resistencia y altura para resistir durante tantos días los envites del océano, para lo que utilizaron de los restos del naufragio tablones de cedro elevando los costados, lo que como posteriormente se vio resultó todo un acierto para en los días venideros evitar una mayor entrada de agua. Así mismo decidieron colocar la comida en la popa envuelta en varias capas de lona para preservarla lo más lejos posible de las olas que rompían en la proa y así evitar que se estropeara con el agua salada.



  Y una vez acondicionados los botes, llegó el momento de trazar un plan y decidir hacia donde dirigirse. La última comprobación que habían efectuado les indicó que las corrientes les habían situado a diecinueve millas más hacia el norte y que durante la anterior noche habían sobrepasado el ecuador. Los dos oficiales reunidos conjuntamente en un bote, Pollard y Chase, ante sus dos ejemplares del Navigator de Bowditch(1), debatieron sobre sus opciones, muy limitadas por las pequeñas velas de sus igualmente pequeñas embarcaciones ¿Retroceder más de dos mil millas hacia las Galápagos y el sur de América y enfrentarse a los vientos alisisos del sureste, además de la fuerte corriente del oeste? ¿O hacia el oeste entorno a mil doscientas millas donde estaban las islas Marquesas? Pero en aquellos tiempos en estas últimas aún eran muchos los que consideraban que sus pobladores nativos practicaban el canibalismo, Georg H. von Langsdorff(2), que arribó a las islas en 1804 contó que sus nativos encontraban la carne humana tan deliciosa que a quienes la habían probado ya les costaba abstenerse de su consumo, aunque los antropólogos de nuestros tiempos tal hecho nunca lo han podido confirmar. Varios cientos de millas al sur de las Marquesas se encontraba el archipiélago de Tuamotú, que igualmente por los mismos motivos no gozaba de buena reputación entre los marinos norteamericanos, y más al oeste, a unas dos mil millas, las islas de la Sociedad, que Pollard consideraba una posibilidad más segura que las Marquesas, y a las que con algo de suerte en un mes podrían arribar. Y por último quedaba la opción de las islas Hawái, más de dos mil millas al noroeste, a las que Pollard temía porque hacia finales del otoño se suponían frecuentes las tormentas en esa región del Pacífico, por lo que para él lo mejor era que navegaran hacia las islas de la Sociedad. 


The New American Practical Navigator de Nathaniel Bowditch

 Pero tanto Chase, como Joy consideraban que sobre ellas la información era escasa, y que del mismo modo que en las Marquesas, lo habitual sería que sus pobladores nativos gustaran de la costumbre del canibalismo, y proponían aún con el inconveniente de los vientos alisios navegar hacia el sur hasta los 26º de latitud para buscando otros vientos ir posteriormente hacia Chile o Perú, lo que estimaban les llevaría unos dos meses, para lo que tenían provisiones, añadiendo además la posibilidad de cruzarse con algún barco ballenero que si eran más frecuentes en esa zona. Pollard pese a no estar muy conforme con este plan, finalmente cedió a sus pretensiones (eran dos contra uno), lo que sin que todos los supieran en aquel momento, fue un grave error. 

 Puede resultar difícil de creer que los marineros de Nanctucket en realidad desconocieran el Océano Pacífico hasta ese extremo después de décadas de navegación por él. Desde primeros de siglo los mercantes que cruzaban el océano a China desde los puertos de Nueva York, Salem y Boston, hacían frecuentes escalas tanto en Hawái, como en las Marquesas cuando lo cruzaban hacia Cantón, y pese a los continuos rumores de canibalismo que por entonces había, era igualmente fácil encontrar fuentes fiables que los desmentían. El capitán Townsend, del Lion, meses antes de que el Essex zarpara, regresó con tres nativos de la isla de Nuku Hiva,  la más grande de las islas Marquesas, y contó que la tranquilidad reinaba en las islas desde la visita del capitán David Porter durante la guerra de 1812, todo ello en detalle se publicó en un artículo en el periódico New Bedford Mercury de Bristol (Massachusetts), artículo que todo parece indicar los oficiales desconocían. Pero es que su ignorancia de las islas Sociedad, es aún más sorprendente, desde 1979 existía en la isla de Tahití una próspera misión inglesa, con incluso una enorme capilla mayor que cualquiera de las de Nantucket.


  La explicación más plausible de este modo de proceder está en el tremendo conservadurismo de los marinos de Nantucket de por aquél entonces, que tendían a rechazar todo aquello que no viniera de su propia experiencia y tradiciones, además de su ciega confianza en sus propias capacidades como curtidos hombres de la mar, aspectos que los habían encumbrado en la industria ballenera, y cierto es que las tripulaciones de estos balleneros estaba considerado que iban dotadas con algunos de los hombres más reputados que alguien podía contar, para además de enfrentarse a la mar durante muchos meses o incluso años, acometer las exigentes tareas que se demandaban en aquellos barcos. Sólo así se puede entender, en esa mezcla "de ignorancia" y de bravura que rayaba la insolencia, que decidieran aventurarse a pasar el doble de tiempo en sus apreciadas balleneras escogiendo la ruta más larga y difícil, e intentar volver a lo que para ellos era "terreno conocido", considerando que si bien era un enorme reto, para nada era inasumible. Los grandes desafios de la pesca del cachalote habían dotado a los marinos de Nantucket con una gran capacidad de resistencia al peligro y al sufrimiento, y sus balleneras aún estando muy lejos de las capacidades del Essex, no eran meros botes salvavidas, eran embarcaciones concebidas para navegar eficazmente en alta mar, construidas con finos tablones de cedro y muy ligeras, que tenían una destacada flotabilidad.


   Pero además de todo ello, la personalidad del joven capitán y de sus aún más jóvenes oficiales, resultaron decisivas en las decisiones finalmente adoptadas, Pollard para nada era inconsciente de su posible error, pero en lugar de imponer su autoridad para según su buen criterio tomar la ruta de las islas de la Sociedad, optó por ejercer un tipo de liderazgo conocido en el ámbito psicológico social como "liderazgo democrático", permitiendo a sus subordinados tomar decisiones vinculantes para el grupo, en vez de ejercer un tipo de liderazgo conocido como "liderazgo autocrático" (mucho más propio de su cargo y función y algo del todo aceptado y exigido por los armadores al buscar un capitán con las dotes aconsejables de mando para el barco) y que según los psicólogos especializados en supervivencia es mucho más apropiado en los primeros instantes que tienen lugar después de un desastre en los que las decisiones deben tomarse con rapidez y firmeza.

 Y es que es un error frecuente y muy extendido, creer entre los aficionados al estudio de la supervivencia, que el tipo de liderazgo más apropiado en las situaciones de supervivencia grupal es el del "liderazgo democrático", aquél en el que de forma común todo el grupo participa y de cuyo resultado por ejemplo se toma una decisión mayoritaria o consensuada, lo que no pocas veces ha tenido consecuencias nefastas para sus miembros. Generalmente es a posteriori cuando las situaciones de supervivencia se prolongan sin una finalización inminente, cuando adquieren suma importancia las habilidades de liderazgo social y cuando se debe integrar a todos los miembros para así poder mantener la moral. Por eso siempre se ha de mantener una actitud flexible y nunca previamente condicionada, abierta a estudiar de modo conveniente cada situación en concreto, si ya la psicología de la supervivencia es mal comprendida e interpretada a nivel individual aún a día de hoy, a nivel grupal es todavía muchísimo más complicada y mas desconocida, y lo que debe siempre primar en los modos de actuación es el bienestar y la supervivencia del grupo, incluso como es lógico, independientemente de lo políticamente incorrectos que estos modos puedan parecer.


 Así que como consecuencia de todo ello, los hombres del Essex se dirigieron hacia América del Sur, pero lo que presumían una empresa razonable, con el paso de los días y de navegar en aquellas condiciones, comenzó a convertirse poco a poco en una cada vez más cruenta situación de supervivencia, cuando ya hacía varias semanas del naufrágio y sin ver tierra, y los hombres se encontraban ya atormentados por el hambre y la sed, además de medio ciegos debido al sol y su reflejo en el mar. El 19 de diciembre, al punto de cumplirse un mes a bordo de las balleneras, varios de los hombres ya se estaban dando por derrotados y su deplorable aspecto físico y mental no hacía presagiar nada bueno, pudiendo ya incluso fallecer alguno de ellos en unos pocos días, cuando uno de ellos se levantó para estirar un poco las agarrotadas piernas, y mirando a sotavento exclamó "Tierra a la vista", lo que hizo que automáticamente todos despertaran de su letargo, ante sus ojos por fin aparecía algo más que mar. Como luego estimaron al llegar a la playa y hacer los cálculos pertinentes, al parecer se encontraban en la isla de Ducie, después de un mes y unas mil quinientas millas, estaban más lejos de las ansiadas costas del sur de América, que antes de la partida, y como luego también descubrirían, aquella isla tampoco resultaría ser lo que la mayoría deseaban...




Continuará...

Saludos.
  1. Nathaniel Bowditch ( / b aʊ d ɪ tʃ / ; 26 marzo 1773 hasta 16 marzo 1838) fue un matemático recordado por sus trabajos sobre la navegación el océano. A menudo se le acredita como el fundador de la navegación marítima moderna; su libro The New American Practical Navigator, publicado por primera vez en 1802, de publicación continua y ampliada desde entonces, todavía se lleva a bordo de todos los buques de la Marina estadounidense. 
  2. Georg Heinrich von Langsdorff, barón de Langsdorff; (Wollstein, Alemania, 8 de abril 1774 - Friburgo de Brisgovia, 29 de junio 1852) fue un aristócrata prusiano, médico, político y naturalista. Vivió en Rusia yf ue miembro correspondiente de la Academia Imperial Rusa de Ciencias y un respetado físico, graduado en medicina e historia natural en la Universidad de Göttingen, Alemania. Langsdorff, primero participó como naturalista y médico en la mayor expedición rusa que circunnavegó el globo comandada por Ivan Fedorovich Kruzenshtern, entre 1803 y 1805. Dejó la expedición en Kamchatka y exploró las islas Aleutianas, isla Kodiak e isla Sitka y llegó a San Francisco, desde donde regresó en barco a Siberia y desde allí, por tierra, hasta San Petersburgo, llegando en 1808.
Bibliografía: 
En el corazón del mar - Nathaniel Philbrick (Seix Barral Colección: Biblioteca Formentor)
Wikipedia

miércoles, 14 de marzo de 2018

 EN EL CORAZÓN DEL MAR (I)

"La historia real que el escritor de Moby-Dick
 Herman Melville no se atrevió a contar"


 Cuando en su momento y 
por casualidad supe de esta película (hacia finales del 2016) debo reconocer que no le presté demasiada atención - ¿Otra vez Moby-Dick? - fue mi primera reacción. Y por lo tanto tampoco me extrañó que nunca antes hubiera oído nada sobre ella, pese a ser del 2015, pero al leer la sinopsis, me asaltó una duda...
 "En el invierno de 1820, Owen Chase (Hemsworth) y otros marineros de la tripulación del Essex sobrevivieron en alta mar en durísimas condiciones después de que el barco chocara con una enorme ballena blanca. Owen, obsesionado con la idea de dar caza al cetáceo, se enfrentó a las tormentas, al hambre y a la desesperación. Inspirada en la historia real en la que se basó Herman Melville para escribir el famoso relato 'Moby Dick'". - FilmAffinity
 ¿Y si fuera verdad? Es decir... ¿Y si fuera verdad que esta película se basara en la tremenda historia real que ya conocía del ballenero Essex y tratara de contar lo que allí ocurrió en detalle y no lo que nos contó de forma muy suavizada Herman Melville en Moby Dick? ¡Hummm! ¡Demasiada tentación para un espíritu curioso, y afortunadamente! Al menos en este caso, porque mi curiosidad se vio sorprendente y gratamente recompensada, dado que pese a ser una estupenda película del género, no es una película que para nada esté entre las frecuentemente recomendadas entre los aficionados "a estas cuestiones de la supervivencia".


El ballenero Essex, navegando raudo y audaz hacia la tormenta...

   Y es que la historia del ballenero Essex es una de las más grandes, por terrible, de las historias de un naufragio que todo estudioso de la disciplina de la supervivencia debería conocer, como por ejemplo lo son la de la Expedición Endurance (Sir Ernest Shackleton), o la del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya (el Milagro de los Andes), y aunque todas tienen en común que tratan de como un grupo de hombres se enfrentan a un destino incierto para ellos bajo unas circunstancias tremendamente adversas, que en todo momento amenazaban sus vidas, cada una en si misma tiene sus propias características bien diferenciadas que las hacen muy distintas entre si.




 El Essex fue un barco ballenero del siglo XIX de 27 metros de eslora y 238 toneladas de peso, que zarpó de puerto en Nantucket en 1819 para un viaje de un año y tres meses hacia las zonas de caza de ballenas en el Pacífico Sur. Nantucket es una pequeña isla ubicada a unos 50 km al sur de Cape Cod, Massachusetts, en los Estados Unidos. Sus primeros pobladores eran nativos de la tribu Wampanoag y quienes bautizaron la isla con el nombre de nantocke, "la tierra de más allá". En 1641 aparecieron los primeros colonos ingleses, que en pocos años se hicieron con el dominio de la isla, y los nativos americanos se fueron extinguiendo poco a poco por culpa de las enfermedades transmitidas por los colonos, muriendo el último de ellos, Abram Quary, en 1855.


El Nantucket de entonces.

 Pero si por algo es famosa Nantucket, y a lo que debe haberse convertido en un importante destino turístico, es sobre todo al fundamental papel que tuvo su industria ballenera, que estuvo activa desde 1712 hasta su declive a partir de mediados del siglo XIX, donde acabó siendo uno de los más importantes centros balleneros del mundo, y es que por entonces "el aceite de ballena", fue un recurso enormemente valorado y ampliamente explotado, debido a que era maxivamente usado como combustible en lámparas y en el alumbrado público, además de como cera en las velas, y siendo el primer aceite animal usado comercialmente de forma intensiva como lubricante en la industria para las máquinas de aquél entonces, como las usadas en las fábricas de algodón durante el auge de la revolución industrial (su viscosidad cambia muy poco con el calor o el frío, funciona bien a altas presiones y altas velocidades, humedece la mayoría de los metales y penetra en los resquicios más pequeños), y eso entre otros muchos usos que se le daba, de ahí que el espermaceti (el aceite de ballena más importante que se obtiene de las cavidades del cráneo de los cachalotes) era considerado un auténtico "oro líquido" suponiendo su obtención un serio inconveniente para la subsistencia de las ballenas en nuestros mares y océanos (se estima que en el siglo XIX fueron capturados entorno a los 200.000 cachalotes), de no ser gracias al desarrollo del queroseno a partir del carbón en 1846 y el descubrimiento del petróleo en las perforaciones a finales del siglo XIX, que llevó al reemplazo de los aceites de ballenas en la mayoría de aplicaciones no alimentarias (aunque lo cierto es que pese a que la cacería declinó desde la década de 1880 hasta 1946, se reactivó de nuevo con nefastas consecuencias después de la Segunda Guerra Mundial, y en la era moderna al menos fueron cazados 770.000 ejemplares, la mayoría entre 1946 y 1980).

 Instalación de la época para el molido y prensado del espermaceti.





  Y después de ponernos en situación histórica con esta pequeña aclaración del porqué los hombres de aquella época perseguían con tanto ahínco a estos grandiosos cetáceos, sigamos con el motivo principal de esta reseña, la impactante tragedia del ballenero Essex. El Essex, que contaba con tres balleneras, llevaba como capitán a George Polard Jr de 28 años para quien era su primer viaje al mando de un ballenero,  como primer oficial y arponero iba Owen Chase, y como segundo Mathew Joy. A la hora de subir a las balleneras para la caza, con el capitán iban cinco hombres de la localidad, incluido su primo Owen Coffin, y un camarero negro. Con el primer oficial, iban dos locales, el grumete Nickerson, dos foráneos y otro afroamericano. Y finalmente acompañando al segundo oficial, Joy, cuatro hombres de color y dos más forasteros. El 14 de Agosto de 1819, a los dos días de dejar Nantucket, el buque fue azotado por una borrasca que destruyó el juanete y estuvo a punto de hundirlo. Aún así, Pollard siguió adelante, cruzando Cabo de Hornos cinco semanas más tarde, pero se encontraron que las aguas frente a las costas de Sudamérica estaban casi esquilmadas, y decidieron aventurarse en los lejanos caladeros de ballenas del Pacífico Sur, alejados de la costa, haciendo escala en la Isla de Carlos en las Galápagos para coger provisiones, donde se hicieron con 60 tortugas.


Reproducción naval artesana del ballenero.

   Tras varios meses de travesía y a cientos de millas de distancia de tierra, en Noviembre de 1820, los hombres a bordo de los botes balleneros del Essex habían ya dado caza a varias ballenas y disfrutado de los "paseos en trineo de Nantucket", como la tripulación denominaba a aquellos momentos en que las balleneras eran arrastradas velozmente por los enormes cetáceos a los que quedaban enganchados una vez arponeados, cuando ocurrió lo inesperado. Según contó Owen Chase que en aquél momento aún estaba a bordo, un gigantesco cachalote, mucho más grande de lo normal, entorno a los 26 metros y quizá 80 toneladas, con su poderosa cabeza en forma de ariete llena de cicatrices y que se encontraba en la superficie a cierta distancia, después de dar varios de sus característicos y ruidosos soplidos lanzando sus impresionantes chorros que se pueden elevar hasta 15 metros, enfiló rumbo hacia el barco embistiéndolos en dos ocasiones y provocando finalmente su hundimiento, mientras el resto de la tripulación estaban persiguiendo y arponeando a otros miembros de la manada. El barco naufragó a 2.000 millas náuticas (3.700 kilómetros) al oeste de la costa occidental de Sudamérica. Tras el naufragio los marinos se embarcaron en los tres pequeños botes balleneros usándolos como botes salvavidas, con escasos suministros de comida y agua potable.


El periplo del Essex.

 Lo cierto es que el hundimiento de un ballenero por el ataque de un cachalote, aún no siendo incluso por entonces algo para nada habitual, se sabe de algunos casos más además del que nos ocupa que por entonces se dieron, y es que debido a su tamaño el cachalote podía algunas veces defenderse eficazmente de aquellos primeros balleneros. Pero si bien como narro el hundimiento del Essex no es el único caso conocido, si es el caso más famoso, y el porqué entre otras cuestiones lo veremos en la próxima parte donde entraremos no sólo a contar, sino a analizar a fondo los detalles diferenciadores de esta historia desde el punto de vista de la supervivencia, porque los verdaderos problemas y la auténtica situación de supervivencia para los veinte marinos que viajaron hasta entonces a bordo, no acababa más que iniciarse y a su pesar acabarían encontrándose, además de en el corazón del mar, "bajo la ley del mar".



Continuará...

Saludos.

A LA SEGUNDA PARTE: EN EL CORAZÓN DEL MAR (II), "La historia real que el escritor de Moby-Dick Herman Melville no se atrevió a contar" (y un liderazgo mal entendido)